miércoles, 14 de octubre de 2009

CONATUS, ESENCIA Y CONSCIENCIA.


CONATUS, ESENCIA Y CONSCIENCIA.
La función existencial de la esencia.

“El conatus en Spinoza no es más que el esfuerzo de perseverar en la existencia, una vez dada ésta, es la esencia del modo (grado de potencia), pero una vez que el modo ha comenzado a existir” (Gille Deleuze, “Spinoza y el problema de la expresión”, capítulo XIV, “Qué es lo que puede un cuerpo”, página 221.)
Antes de su expresión en la existencia, las esencias no tienen conatus alguno, no hay en ellas tendencia (diferencia con Leibniz), ni apetito, ni deseo, “Las esencias no carecen de nada, son todo lo que son, incluso cuando los modos correspondientes no existen.” (ibídem).
Las esencias son esencialmente dicha, no poseen ni conocen desdicha alguna, nada necesitan y a nada tienden.
Una cosa es la esencia en sí misma y otra cosa es la esencia de modo una vez que el modo existe, o sea, “la función existencial de la esencia, su afirmación en la existencia del modo.” (Ibídem).
La esencia en sí misma, es indiferenciable e indistinta de la esencia infinita de la que proviene, con ella se compone absolutamente en el atributo de la Sustancia Infinita o Naturaleza Naturalizante.
La esencia de modo, una vez que el modo existe, es diferenciable y distinta, por un gradiente de potencialidades que van de un máximo a un mínimo y que la determinan, relaciones características de potencia que le son “propias” (individuación de la esencia), con las que coinciden las infinitas partes externas, ellas mismas existentes, que la expresan en la existencia del modo, es decir, que la expresan en un cuerpo existente en acto.
La consciencia no es otra cosa que la idea de ese cuerpo, es decir, su expresión en el atributo pensamiento o entendimiento de sí, como “scientia” o conocimiento: de las afecciones del propio cuerpo o pasiones (primer género del conocimiento), de las relaciones del propio cuerpo o razonamientos (segundo género) o de la “propia” esencia dichosa, sabiduría, beatitud o compasión (tercer género).
No hay menos consciencia en las criaturas que padecen, que en aquellas que conocen y comprenden. La diferencia entre ambas consciencias está en las ideas que las componen; inadecuadas por el desconocimiento de sus causas, en las consciencias que padecen o adecuadas por el conocimiento de sus causas, en las consciencias que conocen y comprenden.
Cuando la esencia pasa a la existencia, es decir, cuando partes externas ellas mismas existentes, la componen en idénticas relaciones características, “entonces y solamente entonces, la esencia misma es determinada como conatus.”(Ibídem), como tendencia o apetito, que al hacerse consciente, llamamos deseo.
El deseo no es otra cosa que la “función existencial de la esencia”, conato, tendencia o apetito, con algún grado de consciencia de sí, consciencia pasional o padecimiento, consciencia racional o razonamiento o consciencia esencial o beatitud.
¿Qué tendencia o apetito expresa la esencia cuando pasa a la existencia?
Siendo la esencia, esencialmente dicha, eso es lo único que ella conoce y puede reconocer y que al pasar a la existencia se expresa como tendencia a la dicha, apetito de dicha o deseo.
El conatus es la expresión de la esencia al “salir” del estado de dicha original para comenzar a “existir”, es decir, a ser afectada.
Cuando la afección es dichosa, la esencia la reconoce y tiende a permanecer en ella, expresando su tendencia a perseverar en la existencia dichosa o potencia de existir, duración, realidad o perfección (Ética II, definiciones V y VI).
Cuando la afección es desdichada, la esencia no la reconoce y tiende a abandonar esa existencia desdichada. Las afecciones sólo son desdichadas en tanto impiden la expresión de la esencia dichosa, sólo en ese sentido son inadecuadas.
Cuando la afección desdichada supera la capacidad de ser afectado del cuerpo en cuestión, sobreviene la muerte, es decir, la esencia abandona la existencia, abandona absolutamente toda tendencia a perseverar en ella, todo conatus, porque aquello que la expresaba en idénticas relaciones características, ha mutado en otra cosa.
Entre la tristeza y la muerte, sólo hay una diferencia en el grado de intensidad o potencia de la afección desdichada.
Criar, como su misma etimología nos indica, no es otra cosa que sostener lo creado en la existencia, es decir, satisfacer el conato, la tendencia o el apetito de la esencia dichosa en la existencia. No es otra cosa que sostener la ecuación “esencia=existencia”, tratando de impedir toda “inad-ecuación”, o sea, toda distinción entre esencia y existencia.
La esencia pasa a la existencia cuando partes externas, ellas mismas existentes, componen idénticas relaciones características, es decir, cuando se cumple la ecuación “esencia=existencia”.
La esencia abandona la existencia cuando partes externas, ellas mismas existentes, descomponen sus relaciones características, es decir, cuando se produce la inadecuación entre esencia y existencia. La inadecuación parcial es la tristeza, la inadecuación absoluta es la muerte.
Cuando por causas externas las partes que componen nuestro propio cuerpo descomponen parcialmente sus relaciones características (de movimiento y reposo), sobreviene la tristeza, que en términos esenciales es la imposibilidad de la esencia de pasar a un mayor grado de perfección, es decir, su función existencial o conatus se debilita, debilitándose nuestra tendencia a perseverar en la existencia, potencia de existir, duración, realidad o perfección.
Cuando esas mismas partes externas que nos componen en la existencia, descomponen absolutamente sus relaciones características de movimiento y reposo, es decir, cuando mudan a otra cosa, la esencia que expresaban, interrumpe su función existencial o conatus, ya no tiene manera de expresar dicha alguna en la existencia, ni siquiera en grado mínimo como para subsistir y, sin el soporte de la dicha, la existencia se interrumpe definitivamente, sobreviniendo aquello que denominamos “muerte”.
Así como la esencia no es causa de la existencia (Ética I, proposición XXIV y Ética II, axioma I), la existencia misma no es causa de esencia alguna. Ambas se expresan mutuamente en una ecuación de relaciones características, “esencia=existencia”, de la que depende toda “ad-ecuación” o “inad-ecuación”.

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